RELATO » El trofeo de Carmina»

 

El trofeo de Carmina

El sol de media tarde mantenía templada la  piedra de la  pared  que  protegía la entrada de la puerta del Calvario. Carmina permanecía apoyada en el muro cuando por detrás una voz que le sonaba familiar le saludo, ella se volvió y allí estaba  su antiguo profesor de Filosofía.

DSC_0744 Puerta  Calvario

Ella vio  la luz a sus dudas cuando se percató que era Salvador, pues recordó que él en sus clases era un buen traductor de latín.

—¡Hola!  nunca me alegré tanto de encontrarte hoy aquí, pues tengo unas dudas que deseo que me las puedas aclarar – Le dijo Carmina .

Carmina le mostró un libro que sacó de su mochila. Salvador lo cogió  entre sus manos y lo abrió. Ella buscó una página hasta detenerse en una frase que, leyó de corrido y le mostró al filósofo que deletreó el texto en latino:

«Usque ad gradum chori initia in direct ex introito verae sapientiae lunare complementum sepultum est»

La inseguridad en la voz y la súplica de su mirada atestiguan la consciencia de su imprecisa traducción:

—“En el coro está  enterrado el verdadero conocimiento lunar”.

— Te has aproximado, aunque es probable que Salustio no hubiese reservado ningún lugar privilegiado del Quirinal a tu traducción. -Se burlo Carmina- El significado correcto es este. Desde la entrada y en línea recta hasta el comienzo de las escaleras del coro se halla enterrado el complemento lunar del auténtico  conocimiento.

—¡Complemento lunar…! -Salvador elevó su tono de voz ¿Qué hacías anoche con la cara dirigida hacia la luna?

—Chissst!, – Carmina le tocó los labios con el dedo índice ¡No hables tan alto!

Le reveló que la noche pasada no hizo sino iniciar la mutación química de su rostro mediante el cobalto, titanio y magnesio contenidos en los rayos lunares, ya que esta actividad constituía el preludio de la Gran Obra que había de llevar a cabo ésta en el interior de la  torre o…. en el interior de la Iglesia?

—Pero, ¿A qué gran obra te refrieres? -sus fulgentes ojos escrutaban la palidez de Carmina. —Y… en una iglesia. ¿No será en la iglesia de Sta. María….?

—¡Así es! – respondió sin exteriorizar emoción alguna, mientras buscaba en el libro una página cuya numeración parecía conocer de memoria. —Lee esto, – le señaló unas líneas con el dedo.

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«Sub cetario praesente, quorum templum templi militum fuisse un parientinais»

La manifestante expresión de estupor tras la lectura evidenció por segunda vez sus lagunas de formación clásica.

—Todo está muy claro,  en la iglesia  de Sta. María,  Cetario, Cetarium, se construyó sobre las ruinas de una antigua iglesia templaria y en su subsuelo se esconde el secreto que busco.

—Bueno, supongamos que esa cita  se refiere al coro de la iglesia.   Se había vuelto hacia ella, con ojos de sorpresa. —Considéreme así, pero qué se esconde ahí que te conduce a rituales…

Carmina se sentó en el perfil de un ágil salto. Lo leyó.  Sujetaba el libro en el regazo.

«Nicolás Lenglet Dufresnoy, alquimista holandés de siglo XVIII, que a su vez cita a Lucas Tuy, cronista del siglo XIII quien da fe de una serie de emplazamientos templarios en la península y concretamente templarios portugueses en  Olivenza»

 Hizo una pausa para mirar  al horizonte  Durante unos segundos sólo sonaba el piar de los pájaros y el rumor de un tractor que pasaba, hasta que Carmina descendió del perfil y aferró la mano de Salvador.

—Ayúdame a encontrar la sal Sublimada, el Pulvis Coeruleus de los alquimistas medievales que según Lucas Tuy, se halla dispersa en los cimientos de la iglesia templaria sobre la que se construyó esta Iglesia.- Le señaló la torre.—Secunda mi plan, pues, aunque te parezca inconcebible, tú también te vas a beneficiar del hallazgo.

Fotoblog

 

—Sal Subliminal…, polvos azules de alquimista…, templarios en Olivenza -Salvador soltó una carcajada.—Carmina, me parece que no llego a captar tu sentido del humor. De todos modos, no tengo ningún inconveniente  acompañarte en dicha aventura.

Carmina exteriorizó su alivio en una amplia sonrisa. Acababa de interpretar la aprobación de su profesor, se arrimó a él y le invitó a regresar al pueblo.

Con voz queda, suave, iba poniendo al tanto acerca de proyecto, consistente en la búsqueda del Polvo Azul de la alquimia medieval, a pesar de la terca insistencia de Salvador por conocer la utilidad del Pulvis Coeruleus, no soltó prenda, postergando las aclaraciones para el momento decisivo, debían de presentarse esta noche en la iglesia. Aprovecharían un funeral que había de comenzar dentro de una hora y media para ocultarse en le templo una vez terminado las exequias.

—En casa tengo un martillo, dos cinceles y un cortafrío. Cuento además de guantes de látex, linternas, pilas y sacos de basura. Creo que será suficiente. – Le estampó un beso en la mejilla. — ¡Ah!, no estaría de más que llevaras en una bolsa camisa y pantalón vaquero más usados que tengas.

—¡Qué disparate, Carmina, qué disparate!. ¡Ojala! nos proteja el espíritu de algún templario.

—Salva, a las seis y media en la  puerta  de la iglesia de Sta. María.

A la hora señalada allí estaban Carmina con una abultada bolsa colgada del hombro y Salvador se acercó a ella, entrando los dos antes de que sacaran el ataúd del coche fúnebre. Tomaron asiento en uno de los escasos espacios vacíos de un banco.

Llegado el momento de la comunión, Salvador aprovecho el desfile de algunos fieles para garabatear en unas líneas en un trozo de papel que con disimulo entrego a su compañera «Tendrá que ser en un confesionario».

Cuando los cánticos finales despidan al féretro y los asistentes a la ceremonia religiosa abandonaron la iglesia, Salvador y Carmina se desplazaron hasta el más próximo confesionario. Comprobaron que no les  había visto  nadie y se escondieron en su interior. Solo tenían que esperar que todos abandonaran el lugar y se cerrára la iglesia.

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Una vez que se quedaron solos en el lugar Carmina vacío el bolso y colocó su contenido en el suelo, comprobó que no había olvidado nada de lo preparado y abrió el libro sin titubeos y encontró la página cuyo contenido conocía casi de memoria y elevó los ojos hacia debajo del coro, musitando:

«Es introito usque ad gradum chidori initia…»

—¡Salva! debemos extraer estas dos baldosas… tras una corta carrera se detuvo frente a las escalinatas de acceso al coro. -Un cincel y un martillo bastaron para separar las junturas.

—De acuerdo emprendamos la búsqueda de la Sal sublime, pero antes debo conocer los motivos por los que quieres encontrar esos polvos mágicos.

— ¡Mira Salva! Vamos en pos de una de las Grandes Obras. Cuando los rayos de radio cobalto que la luna infiltró anoche en mi rostro los combine con la cantidad exacta de mercurio y azufre que constituyen el ungüento del Pulvis Coeruleus o Sal Sublimada, mi rostro no envejecerá jamás. Cumpliré años, transcurrirá décadas de mi vida sin que mi cara muestre, estrías, frunces y arrugas. De manera que habré cumplido el anhelo por el que la mayoría de las personas arruinarían fortunas. Lograré la eterna juventud Salva. ¿Sabes qué significa eso para una mujer?

Salvador la miró a los ojos y no pudo evitar un ligero estremecimiento ante el fulgor que dinamitaban.

—Si las cosas fueran como dices, hace tiempo que las multinacionales farmacéuticas o los grandes laboratorios de dermis-estética ya hubieran obrado el prodigio.

—No, recuerda que hay que emplear la cantidad exacta, el enigma de la proporción justa de mercurio y azufre combinado con los rayos lunares desapareció con los alquimistas templarios y nadie hasta hoy ha logrado renacer su fórmula.

—Manos a la obra Carmina le -dijo Salvador.

—¡Aquí! -le señaló Carmina —Separamos las ensambladuras de estas baldosas. Ten cuidado no romperlas, tenemos que dejarlas igual que estaban para no dejar rastros.

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—Vamos a ver con qué nos encontramos aquí debajo.

Salvador enfocó la linterna hacia las pétreas superficies que ocultaban las baldosas. Cogió el martillo comenzó a golpearla sobre el cincel, un boquete se abrió ante sus ojos a diez centímetros de profundidad, metió la mano.

—Estoy nerviosa y emocionada, Salva. Estamos a punto de descubrir el mágico secreto enterrado durante centurias.

A Salvador le temblaban las manos cuando se dispuso a abrir los sacos para guardar todo resto de cemento y argamasa.

—Debemos evitar que el barro se esparza por el suelo.

Al cabo de media hora la crisopeya desveló la oculta esencia de la materia, todo se transformó en oro, pero no en simple metal, sino en el oro de la felicidad, de la justicia, de la belleza y la bondad.

Salvador se levanto de un brinco propio de adolescente.

—¡Carmina ven aquí, mira, asómate!, – le señaló unos diminutos puntos que, bajo el foco de la linterna reverberaban en el limo.

La joven Carmina presa de la agitación estiró el brazo y tras comprobar la presencia de unos suaves centelleos azulados, se embadurnó el rostro mientras danzaba y giraba sobre sí misma como un derviche persa. Salvador contemplaba el azulado rostro de su compañera como si ésta se prestara a oficiar un rito tribal. Continuó observándola hasta que se abalanzó sobre él y estampó sus labios en la boca.

—¡Gracias, Salva, gracias! no creo que alcances a comprender los que significa esto para mí.

—¡Acariciame, acariciame!-susurraba Carmina.

Salvador, la despojó de su blusa y del sujetador. La encontraba más atractiva con la cara embadurnada que con su mácula palidez habitual. En medio de la nebulosa pasional se acomodaron desnudos en un banco. Salvador, sentado, con la espalda apoyada en el respaldo y Carmina encima con las piernas separadas hacia afuera por el hueco y el espaldar.

 —¡Hieros Gamos…! renazco a la belleza inmarchitable… La gran Obra se consuma-Suspira Carmina entre jadeos.

¡Hieros Gamos…!

 

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OLIVENZA MEDIEVAL 2 Torre del Homenaje

Puerta de entrada  a la torre del Homenaje

CAM_0179Historia: Ocupa el lugar de una antigua fortaleza templaria del siglo XIII de la que no quedan vestigios. En 1334 el rey D. Alfonso IV, hijo y sucesor de D. Dinis, inicia la construcción de ese elemento de origen musulmán que es la alcazaba: recinto amurallado dentro de las murallas; culminando con un torreón, el más alto de las plazas de frontera. Pero será D. João II, en 1488, quien otorgue una nueva fisonomía al conjunto, ya que a pesar de los pactos de desarme suscritos con los Reyes Católicos, el Príncipe Perfeito realiza obras de refuerzo del alcázar; artilla en su base dos torres circulares y construye un foso en su perímetro, como puede verse en el Livro das Fortalezas de Duarte D’Armas.

 

 

Exterior: El Castillo es un hermoso ejemplar de la arquitectura militar de la época. Tiene forma trapezoidal con un patio central y tres torres cúbicas en los ángulos, además de la del Homenaje, situada al Noroeste, de la época de D. Afonso IV, hijo de D.Dinis. La Torre del Homenaje, de 37 m. de altura destaca sobre el conjunto, siendo la más alta de las torres de fortaleza en la frontera hispanoportuguesa. Construida en mampostería reforzada por sillares en los ángulos, tiene 24 saeteras que iluminan su interior. En lo más elevado de sus cuatro caras pueden aún apreciarse los restos de los primitivos matacanes de defensa de sus flancos, de los cuales uno fue reconstruido en cemento armado hacia el año 1973. Una barbacana, a cuyo pie se abría el foso inundable, mandado construir por D. João II en 1488, rodeaba por completo la alcazaba oliventina.

CAM_0194- Interior del castillo

Sala  interior de la  torre

La Torre del Homenaje tiene en su interior tres salas. Destaca la superior, con una hermosa bóveda de nervadura. El acceso por sus 17 rampas nos conduce hoy a la terraza, desde la que se domina la ciudad de Olivenza y las tierras y poblaciones españolas y portuguesas de su entorno. En la antigüedad permitía subir piezas de artillería a la parte superior, por lo que se aprecian rebajadas las esquinas en su parte inferior

 

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Interior: El Castillo acoge parte del Museo Etnográfico González Santana. Y la sala de  exposiciones  ya hablaremos de ello en otro  post .

yo en  dos lugares del recito   en el pozo que hay en el patio de  Armas y en una asiento  apoyada en una ventana o almena .CAM_2342

Detalle de  escaleras   para subir  a las  atalayas

Documentación de la Guia de turistica de Olivenza , las  fotos  son mias

 

OLIVENZA MI ESENCIA 3 Iglesia de Sta. Mª Magdalena interior

Es una Maravilla el estilo del interior: Lo que más sobrecoge al visitante es su vasto interior, a un tiempo robusto y sensual, dividido en tres naves por ocho formidables columnas torsas que parecen evocar los calabrotes de un navío. El francés Boytac, y tal vez Diego o Francisco de Arruda, fueron los creadores de este espacio mágico donde el espíritu se siente envuelto por un movimiento que es también reposo. Presenta asimismo retablos de talla dorada del XVIII, retablos neoclásicos en mármol de colores y azulejería historiada.

OLIVENZA MI ESENCIA 3 Iglesia Sta. Mª de la Magdalena

Iglesia de la primera mitad del siglo XVI, fue mandada construir para servir como digno templo del lugar de residencia de los obispos de Ceuta. A partir de 1512 los obispos de Ceuta residieron en Olivenza, siendo el primero Fray Enrique de Coimbra, confesor del rey D. Manuel y primero que celebró misa en Brasil. Falleció el 24 de septiembre de 1532 en Olivenza y fue sepultado en este templo. Sus restos descansan en un sencillo túmulo de mármol, en la capilla absidal del lado del Evangelio.

Para la construcción de la iglesia se lanzó un nuevo impuesto llamado Renta de la Imposición, que gravaba la venta de pescado, carne y aceite.

Exterior: Construida en estilo manuelino, que parte de un gótico tardío y se singulariza por su carácter decorativo y naturalista, donde no faltan elementos marineros.

En su exterior destacan falsas almenas, pináculos, gárgolas, puertas laterales. A Nicolás de Chanterenne se le atribuye la construcción de la fachada renacentista de mármol..  Este artista de origen francés realizó en Portugal otros importantes trabajos como la puerta del monasterio de los Jerónimos de Lisboa o un retablo de mármol en el Palacio da Pena de Sintra, aparte de otros trabajos en el Alentejo.

La fachada que está dividida en tres cuerpos arriba el campanario, en el centro el coro, abajo la puerta principal, separados por un motivo marinero: el calabrote o cuerda gruesa de un barco. La puerta antigua si os fijáis en la foto está tapiada. La Hermandad de las Llagas dejó en su frontón su escudo
La estructura de dicha portada se desarrolla en torno al vano de entrada, con arco de medio punto. A ambos lados, en la parte inferior, sobresalen 4 paralelepípedos en estructura abocinada. En los dos interiores se apoyan dos pares de columnillas de fuste liso.

Esta Iglesia Sta. Mª  de la Magdalena  gano  el premio  al mejor  Rincón Repsol  en  2012.

OLIVENZA MEDIEVAL 2 Puerta de los Angeles

la primera muralla mandada construir por el rey D. Dinis, cuya primera piedra fue colocada solemnemente por el alcalde Pero Lourenço do Rego, el 29 de septiembre de 1306. Dicha piedra se conserva en la sala de arqueología del Museo Etnográfico, en Olivenza.

Tal como la puerta de Alconchel su estructura es de dos torreones macizos semicirculares unidos por un arco. La diferencia es que aquí los torreones se encuentran semiembutidos en los edificios adosados a la muralla.
Como curiosidad es de destacar que, hasta hace poco, existía un escudo sencillo, de escaso valor artístico, moldeado en la propia argamasa de la obra y situado en la parte central exterior de su arco. El mismo estaba rematado por la corona real, siendo el resto del conjunto no identificable debido al deterioro natural que provocó su desaparición reciente.
Igual que en la puerta de Alconchel, también aquí son identificables los apoyos del matacán removible y los quicios para el paso de las trancas y vigas de cierre.
Por otra parte, serían necesarias pequeñas obras de restauración para eliminar ciertos elementos ajenos a su traza original consistentes en una cenefa de ladrillos que corona los torreones y el antepecho de unión de los mismos, sobre el arco.

OLIVENZA MI ESENCIA 3 Capilla de la Misericordia

La cerámica que reviste la nave y el coro es de Manuel dos Santos, y data del año 1723.

De autor desconocido son los azulejos que recubren el altar mayor.

Todo el conjunto reproduce obras de misericordia, relacionadas con los fines fundacionales de la institución.

De entre las escenas, destaca el panel correspondiente a Vestir al Desnudo, por el motivo anacrónico que representa a Dios Padre entregando sendos paletós a Adán y Eva para que se cubran.

Jesús curando a un paralítico, bello detalle de la azulejería que desde la primera
mitad del siglo XVIII  decora el interior de la capilla oliventina del Espíritu Santo.
Siempre que los extremeños queremos recordar el origen y pasado de nuestra gente, generalizando y manteniendo al margen las peculiaridades de cada familia y persona, volvemos la vista atrás y miramos hacia la historia para rescatar la presencia en estas tierras de pueblos de cultura celta, romanos y visigodos, andalusíes y sefardíes, que mezclados con el paso del tiempo y bajo la religión católica, ocuparon tras la Reconquista y las conversiones religiosas esta tierra en una simbiosis paralela a la que sufrían el resto de las regiones de España. Sin embargo, olvidamos en la mayoría de las ocasiones que un porcentaje de extremeños suman a este pasado un origen más, hermano del resultado anterior, pero enriquecido con una cultura propia: el origen portugués.

 

Fue el 6 de junio de 1.801 cuando, bajo el reinado en España de Carlos IV, y siendo regente de Portugal el príncipe D. Juan, más tarde coronado como Juan VI, se firmaba en Badajoz el Tratado que llevaría el nombre de esta ciudad, poniendo fin ambos países a una corta pero decisiva guerra llamada «de las Naranjas», inspirada por una Francia Napoleónica que comenzaba a preparar a su conveniencia el campo de batalla que más tarde sería Europa. Manuel Godoy, hijo de la capital pacense y Secretario General del Estado, elevado ya por entonces a Generalísimo de España, conseguía no sólo una paz en favor de nuestro país, sino además una pequeña serie de beneficios entre los que se incluía el traspaso de Olivenza y sus contornos al Estado español y, por ende, a la provincia de Badajoz y región de Extremadura.

 

Interior de la Capilla del Espíritu Santo, con el altar y retablo mayor en la cabecera, donde la
tenue luz, las obras de arte y una inmensa calma, invitan a la oración para la que fue consagrada.

Abajo: desde una de las esquinas de la cabecera se puede observar, a los pies de la capilla,
el coro y la puerta de entrada, cerrando la nave y la serie de azulejos que plenamente la decoran.

Con la cesión del municipio oliventino a la geografía política española, Extremadura no sólo adquiría nuevas tierras con que ampliar sus contornos. Sometidos sus habitantes a la nueva Corona, pasaban a este lado de la frontera otras costumbres, habla, tradiciones y cultura, acompañadas de un legado artístico de raíces portuguesas que no encontraría par idéntico a lo largo de toda la Raya. Ejemplos artísticos particulares y peculiares de Portugal engrosaban y enriquecían el patrimonio extremeño a través del Gótico manuelino, los retablos eucarísticos o la azulejería blanquiazul, patrimonio este último cada vez más valorado y protegido en el país vecino.

 

Vista general del tramo que en el lado del evangelio aparece junto
a la cabecera del templo, con el acceso a la sacristía a sus pies.


Mucho menos conocida que la iglesia de Santa María del Castillo o la parroquia de Santa María Magdalena, encontramos en pleno centro histórico de Olivenza, frente a una de las puertas de la antigua ciudadela medieval, más conocida como Puerta de los Ángeles, la Capilla del Espíritu Santo. Declarada en 1.992 como Bien de Interés Cultural por la Junta de Extremadura con categoría de Monumento, según Decreto de 10 de marzo, el templo es también conocido como Capilla del Hospital de Caridad o Casa de Misericordia, por pertenecer el monumento a este otro conjunto, ubicado al lado izquierdo de la misma. Fue el Hospital o Santa Casa de Misericordia el edificio levantado en este municipio por la Cofradía de la Misericordia, fundada ésta en 1.501 con la aprobación del rey portugués Manuel I, siguiendo los deseos de su hermana y esposa de su antecesor Juan II, Dña. Leonor de Viseu. Bajo la advocación de la Virgen de la Misericordia, el fin de la cofradía era cuidar de enfermos, huérfanos y pobres, menester que lleva ejerciendo hasta la actualidad, siendo hoy en día un asilo de ancianos al cuidado de las Hijas de San Vicente de Paúl.

A ambos lados del ventanal izquierdo de la cabecera del templo, dos paneles de  azulejos nos
muestran  dos diferentes ejemplos bíblicos de obras de misericordia:  Ocozías visitando
a Joram enfermo (arriba)  y la parábola del buen samaritano, respectivamente (abajo).


Gracias a la generosa donación que el presbítero Fernando Alfonso Durao regala a la Cofradía en 1.511, comienza a erigirse el actual conjunto de hospital y capilla en 1.548, tras haberse trasladado en 1.520 los hermanos al lugar donde ya se hallaba la ermita del Espíritu Santo, hecho por el que toma el templo este nombre. No finalizándose las obras de éste hasta 1.732, presenta así un estilo barroco con elementos heredados de movimientos artísticos anteriores, tanto renacentistas como gótico-manuelinos. De sencilla portada exterior, en el interior nos aguarda una sola nave cubierta con bóveda de cañón, bajo la que descansan multitud de personajes relevantes de la Cofradía y del pasado oliventino.

Bajo el vano que en el lado del evangelio y a la izquierda del altar se abre en el muro, un zócalo de azulejos
remata la pared, con una pareja de ángeles sosteniendo un medallón en el que apreciamos una nueva
obra de misericordia: Rebeca dando de beber al mensajero de Abraham (detallada en la imagen inferior).


A los pies de la capilla, sostenido por una arquería y columnas marmóreas de capiteles jónicos, tenemos el coro. Frente al mismo, rematado con un retablo de tipo eucarístico que guarda a la Virgen de Loreto y embellecido con columnas salomónicas, vemos la cabecera y el altar elevados del resto del edificio por tres escalones. Otros dos retablos, siguiendo las trazas del mayor e idénticos entre sí salvo en la policromía ausente del derecho, decoran respectivamente los lados de la epístola y del evangelio con relieves de la Virgen de la Misericordia y el Pentecostés, respectivamente. Junto a este último, un púlpito de pared con marmórea balaustrada finaliza la distribución del templo.

A la derecha del medallón ubicado bajo el ventanal izquierdo de la capilla, una bella escena bucólica.

Sobre la puerta de la sacristía, abierta junto a los escalones de acceso al altar y en el lado del evangelio,
aparece un mosaico de azulejos con diferentes aves, cestas o flores en cada una de las piezas cerámicas.

Sin Sin embargo, y a pesar de la belleza que aportan al templo estos tres retablos de típico corte barroco luso, lo más llamativo del conjunto es la azulejería que, alicatando la práctica totalidad de los muros de la capilla, decora las paredes de sendos lados del evangelio y la epístola, más los bordes interiores de la portada de acceso y el exterior de la arquería del coro. Partiendo del suelo de la nave, y hasta el arranque de la bóveda y techos, toda una serie de paneles, zócalos y grecas creados en tono blanquiazul acompañan al visitante desde que se adentra en el templo, llamando su atención a través de sus bellas formas para así hacerle partícipe de las historias sagradas que relatan, instruyéndole sobre la tradición religiosa judeo-cristiana y acercándole la religión católica.

Vista general del gran panel de azulejos que decora la parte media del lado del evangelio, junto al púlpito.

Detalles (arDetalles (arriba y abajo) de dos de los tres conjuntos que forman el zócalo que, bajo el panel de la imagen
precedente, discurre entre la arquería del coro y el retablo del lado del evangelio, en este muro izquierdo del templo.


Importándose los primeros azulejos al país vecino desde Sevilla, donde los moriscos de comienzos del siglo XVI conservaban las técnicas que sus antepasados usaban para la fabricación y creación de estas decoradas placas de cerámica, Portugal pronto aprendió a crear sus propios azulejos, entroncándolos con esta tradición arábiga pero abriendo una nueva página en la historia de este arte al impregnarle de su propio gusto. Influenciados posteriormente por los ceramistas de Italia y Flandes, que aportan temas clásicos a los paneles, los artistas portugueses comienzan a componer series donde la anterior decoración geométrica o vegetal se ve acompañada y enriquecida por temas históricos o religiosos, de sumo gusto por sus clientes más habituales. Son los nobles y la Iglesia los mayores mecenas de este arte en el país vecino, unos por encontrar en él una manera barata de decorar los muros de sus palacios, y los otros por descubrir una forma de llamar la atención de los feligreses y así lograr educarles en la religión que practican.

 

En el gran panel del lado del evangelio vemos a Daniel, en el foso babilónico de los
leones, recibiendo alimento por parte de Habacuc, llevado allí por un ángel del Señor.

Detalle de varios de los leones del panel al que nos hemos referido anteriormente.

El artista aprovecha la historia bíblica, que nos indica que Habacuc preparaba comida para los segadores,
para mostrar a los mismos en una escena costumbrista propia del siglo en que los azulejos fueron pintados.


Con la llegada del siglo XVIII la historia del azulejo portugués verá cómo se escribe el mejor de sus capítulos. Es la época del «Ciclo de los Maestros», una etapa áurea en la que destacados y reconocidos artistas crean los considerados mejores ejemplos de azulejería portuguesa, bajo el ya típicamente luso estilo blanquiazul. Los azulejos de la Capilla del Espíritu Santo de Olivenza son uno de ellos.

 

Visión general del panel ubicado junto al pie de la capilla, en el lado del evangelio,
donde se describe con imágenes la curación de un paralítico por Jesús, según San Juan.

NOTA: La descripción de la azulejería, así como los pasos para llegar al templo y las imágenes restantes sobre los paneles del lado de la epístola y pie de la nave aparecerán en un nuevo artículo que publicaremos en breve).

Texto y fotografías de Samuel Rodríguez Carrero. Abril 2011.
Extremadura: caminos de cultura (VER)

AZULEJERÍA EN LA CAPILLA DEL ESPÍRITU SANTO EN OLIVENZA (I)SAMUEL RODRÍGUEZ CARRERO

 

OLIVENZA MI ESENCIA 3 Capilla de la Misericordia azulejos portugueses

Esta capilla de la Santa Casa de Misericordia sorprende al visitante con su azulejería historiada de 1723. Su cerámica recubre toda la nave y el coro, con paneles de Manuel dos Santos. De autor desconocido son los del altar mayor. Todo el conjunto reproduce las Obras de Misericordia relacionadas con los fines fundacionales de la institución. De entre éstas, destaca el panel correspondiente a “Vestir al Desnudo” por el motivo anacrónico de aparecer Dios Padre entregando a Adán y Eva, para que se cubran, dos paletós del siglo XVIII

OLIVENZA MI ESENCIA 3 Capilla de la Misericordia Interior coro

Interior: La capilla, de una sola nave, está toda ella recubierta en su interior por azulejos barrocos de Manuel dos Santos, representando las obras de Misericordia.

El interior del templo, de una sola nave y bóveda de cañón, presenta el altar mayor separado del resto de la nave por una verja y tres escalones. A sus pies se alza el coro, apoyado sobre una arquería sostenida por columnas de mármol con capiteles jónicos. Tres retablos, de estilo barroco y gusto lusitano completan la nave. El mayor de los retablos sigue el estilo de los retablos barrocos del período joanino, es decir, retablo expositor, destacando la profundidad. Todo el conjunto interior corresponde a una reforma del siglo XVIII. Completan la obra otros dos retablos laterales, de estilo barroco, dedicados al Pentecostés, policromado en 1777, y a Nuestra Señora de la Misericordia, sin policromar, perfectamente integrados en la azulejería y colocados al mismo tiempo.

OLIVENZA MI ESENCIA 3 Capilla de la Misericordia exterior

El exterior de la Capilla de la Misericordia  es una foto muy  antigua  No tengo una actual  pero se ve bien  en la calle  Caridad

Exterior: A la iglesia se accede por una puerta adintelada, de mármol, con columnas toscanas que sostienen un entablamento liso y un frontón triangular con la heráldica nacional portuguesa; rematándose con dos esferas armilares en sus vértices inferiores y una cruz en el superior. Por encima del pórtico se levanta un vano rectangular, coronado con frontón triangular similar al del portal. Culmina el frontal de la iglesia en una espadaña que alberga el campanario.